jueves, 1 de julio de 2010
Filosofía de Mesa
Reflexiones mensuales a cargo de Calvin Claypole
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Dijo Vladimir Ilich Uliánov, conocido masivamente como Lenin, en los primeros años de la Revolución: "O el Socialismo acaba con el piojo, o el piojo acabará con el Socialismo". Lo que quizás no imaginó el soviético estadista fue que, décadas después, el socialismo sería acabado no por la pediculosis ni por el tifus que ese infame parásito transmite, sino por un enemigo mucho más previsible: el Capitalismo.

Ahora bien, pasados más de veinte años de la caída del Muro de Berlín, hay fuertes señales de que el propio Capitalismo está en crisis, vale decir, que se lo comen los piojos. Y no nos estamos refiriendo a lo que nos muestran día a día los noticieros en su sección internacional, cuando se refieren a los problemas económicos y sociales que aquejan, principalmente, al “viejo” continente. Altos niveles de desempleo, descontento social por las políticas de ajuste, caída simultánea de las bolsas mundiales, devaluaciones monetarias encubiertas o a cielo abierto, no, no son esos los verdaderos desafíos que afrenta nuestro sistema económico. El orden mundial vigente ha sufrido estos males en varias ocasiones ya, a lo largo de una historia que algunos llaman “cíclica”, y siempre ha sido capaz de contrarrestarlos, de reformularse de manera tal que todo el planeta (o casi todo) renueve hacia él un sempiterno voto de confianza. La desigualdad social y sus consecuencias, más o menos tecnocráticamente expresadas, son un hecho desde que el mundo es mundo. Como dicen que dice el dicho, “pobres hubo, hay , y habrá siempre”, y eso nos deja dormir tranquilos a todos los que no lo somos. Lo mismo vale para los piojos, que han acompañado al Homo Sapiens desde sus inicios. En momias egipcias de 5.000 años de antigüedad, por citar sólo un ejemplo, se han encontrado piojos y sus huevos.

- ¿Vivos?
No, señora, no estaban vivos.

Volviendo al tema que nos compete, se preguntará el lector, tal vez con cierta impaciencia ya, tal vez con decreciente interés, tal vez ni siquiera se lo pregunte, porque ha decidido sabiamente abandonar la lectura este texto cientos de caracteres atrás: ¿cuál es, entonces, el motivo por el que se afirma en las primeras líneas de este artículo que el Capitalismo se encuentra en peligro de extinción? Pues, a riesgo de tautologizar en extremo estas reflexiones, responderemos a esta pregunta con otra: ¿conoce usted las bases que fundamentan a nuestro afamado sistema económico?

Citemos a la omnipresentemente globalizante (y capitalista per se) Wikipedia a fin de refrescar conceptos:
“El capitalismo es el sistema económico fundado en el capital como relación social básica de producción. En el capitalismo los individuos privados y las empresas, empleando trabajadores asalariados, llevan a cabo la producción y el intercambio de bienes o de servicios, con el propósito de producir y acumular ganancias u otro beneficio de interés propio.”

¿Aún no lo entiende? Seamos explícitos: ¿qué tipo de ganancias y beneficios de interés propio piensa usted que los creadores de este sitio reciben en retribución por las historietas que aquí publican? Adivinó: ninguno. Y sin embargo, los muy necios las siguen produciendo, como si les fuera su miserable vida en ello. Se explotan a sí mismos, sin percibir un mísero salario a cambio. Lo peor es que, como establecimos en esta misma columna dos meses atrás, no son nada originales: muchos sitios de historietas on-line mantienen esta obstinada actitud, aunque quizás ninguno con tan cuestionable calidad como el que nos ocupa.

Es una ironía de proporciones históricas inéditas, que un género menor, o sub-género como conviene en verdad llamar a la historieta, esté sentando condiciones que puedan poner en peligro el mundo organizado tal y como lo conocemos. ¿Qué pasaría si a todos se les diera por ofrecer sus productos de manera gratuita? Y cuando digo a todos, me refiero a todos, desde el más humilde almacenero hasta el gerente general de una cadena de hipermercados, desde la más solitaria trabajadora de la calle hasta el dueño de una agencia de modelos VIP con sede en Punta del Ese. Todos. No es difícil adivinar la respuesta: sería el caos, la debacle total. Son riesgos que no podemos tomar si es que queremos seguir disfrutando de los pequeños placeres que este mundo tiene para ofrecernos: nuestras zapatillas de última moda, nuestra tarjeta de débito con beneficios los jueves en electrodomésticos y textil y los miércoles en lácteos y panificados, nuestras copas mundiales de fútbol.

La solución, sin embargo, no está en nuestras manos. Debemos tener fe, y esperar a que estos simios historietistas sean pacientemente cooptados por sabios editores que entiendan que, si les pagan a estos muchachos por su trabajo, no estarán haciéndole un favor a la historia del Arte, pero evitarán un cimbronazo de otro modo difícil de resistir para nuestra estabilidad económica, política y social.

Lo único que podemos hacer, mientras tanto, es evitar leer estas historietas. Una buena alternativa es dedicarse a disfrutar del show de los cuartos de final que se avecinan, contra un equipo compuesto en un 50% por comunistas arrepentidos, y dejarnos llevar por este deporte que, erróneamente llamado por algunos “el opio de los pueblos”, nos hace más apasionados, inteligentes y mejores personas; y nos ayuda a no hacernos tanto problema pensando en los males del mundo. Recordemos, además, que fue justamente un alemán, el doctor Oskar Vogt, contratado por el Kremlin (la FIFA de aquel entonces), quien una vez fallecido Lenin, por causas aún hoy discutidas, extrajo los últimos piojos de la escasa cabellera del líder muerto, abrió su cabeza a fuerza de sierra sinfín, retiró intacto su valioso cerebro, y, tras años de microscópico y concienzudo análisis, dictaminó: “Lenin era tan inteligente porque tenía las neuronas de la corteza muy largas”.

Ensanchemos nuestras neuronas en un widescreen; corramos, amigos, corramos a comprar un LCD para ver el partido, antes de que a algún trasnochado subversivo se le ocurra repartirlos gratis y dejen por eso de interesarnos por completo.
Siempre de su lado, su seguro servidor,

Calvin Claypole
Filósofo Gastronómico
Precursor del Materialismo Histriónico


6 Condimentos:

la nati dijo...

OBJETIVAMENTE, GENIAL.

la nati dijo...

Después de atenta y gustosa lectura comento. Y lejos de ser pesada y/o fastidiosa, les pido:
hagan el favor de poner algún botón para recomendar esta página.
Violeta, citando a su abuela materna, diría:
"Será posible??"

Calvin J. Claypole dijo...

¿Le parece necesario recomendarla, justo ahora que los últimos párrafos han quedado tan odiosamente obsoletos por la abrupta desazón futbolística que debió afrontar el empréstito argentino? Es cuasi masoquismo.
Por otro lado, está en manos de los vagos que administran el sitio buscar respuesta a su solicitud técnica.

El Ermitaño Amaya dijo...

Nati! No le des bola al Calvin este! Te bancamos!

Su sugerencia ha entrado en nuestra base de datos y será revisada para su posterior aplicación.

GRACIAS

Guido Palmadessa dijo...

"...antes de que a algún trasnochado subversivo se le ocurra repartirlos gratis y dejen por eso de interesarnos por completo." (Refiriendose a los televisores LCD). Me gustó mucho esa ultima idea. Muy buenas reflexiones!
Saludos

Oscar Grillo dijo...

Lo que Lenin no aclaro es que los piojos ponen huevitos.

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